Nuestra historia no ha sido hecha con la cabeza, diríamos mejor que la hemos hecho de cabezas, enseñando los genitales al querido público – en algunos casos se carece de éstos-. Nuestra historia empezó con una equivocación y no ha perdido su rumbo. Quizá los asiáticos que cruzaron probablemente el hielo hasta el sur de América sean prototipos únicos de inteligencia, por que los españoles, perdón echémosle toda la culpa en esta ocasión a Colón que era italiano, con la ansiedad de llegar a la India llegaron a las indias, del mismo modo en que unos señores de Rio negro, Fermín López y arriería Ltda, llegaron no muy lejos del patio de su casa, es decir lo que hoy se conoce como Dosquebradas y antaño era un corregimiento santarrosano -con todo respeto- a saber que se dirigían a la Gobernación del Cauca. Sucedió que dirigiéndose a Cartago encontraron la ciudad en ruinas –al parecer don Robledo, el Mariscal no sabía de fundar pueblos, apenas era doctor en cortar prepucios y ápices de senos indígenas para aterrorizarlos-. La ciudad no se había ido mas allá, solita como se presumía. La ciudad se cayó por que sus hombres fueron al sur, hagan el ensayo y verán, abandonen su casa y en unos pocos días se caerá como por arte de magia, se morirá de pena moral. Lo que hoy es Cartago no se parece en absoluto a lo que fue por que sencillamente se corrió al norte del Valle. Lo que hoy es Pereira sí se parece sin embargo al Cartago que estuvo debajo de sus simientes cuatroscientos años atrás, porque como se sabe: está en ruinas, es una ciudad que no sale de la iglesia, que todas las decisiones políticas las consulta con la camándula –si hay alguien entre nosotros ahora que sea partidario de Santos se le recomienda que esté al día con las cuotas de la funeraria-; tiene unos pobladores que se creen la mejor arepa paisa, que se jactan de tener un guitarrista de bambuco que no sabía tocar la guitarra y que escribía poemas al maíz, al café, al aguardiente y a la pujanza que son heredades de España –me refiero a la España de entonces, si la de hoy es igual sólo lo saben los inmigrantes que trabajan allá en la prostitución y paseando perros al por mayor o cuidando viejitos, que pesar- y que en su época se compartían en una fonda a lo español: El Pavo.
La ciudad que encontraron los antioqueños en ruinas
se conserva hoy tal cual, en todo su esplendor de musgos y cadáveres coloniales, por el viaducto la reconocerán. Pero no nos salgamos del tema que nos atañe que es la Ruta de los Venados –que por qué la llamaron así, ha de ser porque en los alrededores había muchos osos perezosos- el camino que iba al sur y que se cortó en Dosquebradas. Cuentan los que saben, es decir, los abuelos, los únicos que saben de estas cosas, que después de haber fundado tantos corregimiento a diestra y a siniestra bajo las faldas de “Kumanday” –el Ruiz- y de desplazar a los pocos nietos de Chinchiná, que después de presumir que ya el tabaco estaba próximo acabarse y eso sí era una tragedia, llegaron a Santa Rosa, hicieron un corral para cada animal: con guadua para las gallinas. Los marranos, los caballos, y uno más sofisticado, con bahareque, allá arriba para los Frailes, La Apostólica.
ESPEREN LA SEGUNDA PARTE ....
ResponderEliminarComo puedo llegar facil a ese sitio vivo aqui en frailes y la verda conosco muy poco
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